La libertad de prensa no es solo un derecho de los periodistas: es un pilar esencial de cualquier sociedad democrática. Permite que la ciudadanía esté informada, que se fiscalicen los poderes, y que las voces diversas —incluidas las disidentes— encuentren un espacio para expresarse. Sin prensa libre, la verdad queda a merced de los intereses, y el poder se vuelve menos responsable ante el pueblo.
En un tiempo donde las noticias falsas, la concentración de medios y las presiones —tanto económicas como políticas— amenazan el ejercicio del periodismo independiente, defender la libertad de prensa es más urgente que nunca. Esta libertad no se agota en la existencia de medios, sino que se manifiesta en la posibilidad real de investigar, publicar y criticar sin temor a represalias.
Hoy, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa, no basta con celebrarla: hay que protegerla activamente. Porque donde se silencia a la prensa, se comienza a erosionar la democracia.







