Por Fernando Ramírez
Dos de diciembre de 2024 en Buenos Aires. Día primaveral clásico: soleado y con una brisa de aire fresco que invita a salir.
Claro, ¿nada del otro mundo no?. ¿Cuántos días hay así en Buenos Aires?. Muchos.
Pero no.
* Dia histórico
El pasado lunes 2 de diciembre iba a ser un día histórico para el periodismo argentino, especialmente para los acreditados -como yo- en Casa Rosada.
A las 14 el Decano de la Sala de Periodistas de la Casa Rosada y presidente honorario de la Asociación de Periodistas de la República Argentina (APeRA), el Tano Roberto Di Sandro, iba a anunciar su retiro laboral tras 77 años y chirolas de trabajo ininterrumpido en el templo de los periodistas de Casa de Gobierno.

Distinción como trabajador de prensa “incansable “
* Un hombre común
Al Tano lo conocí personalmente, como un hombre común, en 2011, al ingresar como acreditado en la Sala de Periodistas. “Pibe vení. Cualquier cosa que necesites me la pedís”, me dijo, con voz de mando y generosidad, ni bien me vio deambular por las baldosas coloniales de la Casa Rosada.
Pero para mí ese dos de diciembre en Buenos Aires no fue un día más. Fue el último capítulo laboral de un hombre extraordinario -poco común-, sin dudas un pincelador de momentos históricos de la Casa Rosada. El único periodista que habló con todos los presidentes desde 1947 en adelante: de Perón a Milei.
* La Peña de la Casa Rosada
En 2019 me dijo: “Creá la Peña de la Casa Rosada” y lo hice. Y varios periodistas hacíamos off con políticos en el Hotel Castelar.
Y así fuimos forjando una amistad entrañable. Él me pedía cosas y yo las ejecutaba. Y así creamos la Asociación de Periodistas de la República Argentina (APeRA) en plena pandemia.
Yo era el presidente y él el presidente honorario Y ahí le prometí que haría todo lo que lo hiciera feliz y estuviese al alcance de mis manos.
Y así el Tano empezó a proyectar. Feliz por haber concretado una sociedad periodística.

Desde marzo la Sala de Periodistas de la Casa Rosada se llama Decano Roberto Di Sandro
* Murió Norma
Pero murió Norma. Su esposa. Habían estado 63 años juntos. Y todo se derrumbó. El Tano se derrumbó.
En marzo de este año desde APeRA le regalamos una jornada maravillosa para él: le pusieron Decano Roberto Di Sandro a la Sala de Periodistas en la que había trabajado 77 años.
Pero -esos pero que tiene la vida- ya a los pocos días el Tano me dijo que se quería retirar.
“Dale Tano. Lo vamos a hacer entre el 29 de octubre y el 22 de noviembre, tu cumpleaños. Dalo por hecho”, le prometí.
Y así fue.
Y llegó el dos de diciembre de 2024. 14 horas. Era yo el organizador del último capítulo laboral de un hombre extraordinario, al que había conocido como un hombre común.
Había invitado a una treintena de colegas amigos suyos. Pero era difícil reunirlos a todos porque gran parte de ellos trabajaban y porque el living admitía solamente los que al final fuimos: una quincena.
* Trabajador de prensa “incansable”
También iba a ir el secretario de Trabajo de la Nación, Julio Cordero, para entregarle una novedosa plaqueta como trabajador de prensa “incansable” por sus casi ocho décadas de trabajo ininterrumpido.
En realidad esa distinción estaba prevista para el siete de noviembre pasado, en el hermoso auditorio de la Secretaría -exMinisterio- de Trabajo, ante 120 amigos de la toda la vida. Pero el Tano tuvo una indisposición y se pasó para el dos de diciembre, pero en su casa de Palermo.

En 2023 APeRA lo homenajeó por su brillante trayectoria profesional y creó la distinción para periodistas “Decano Roberto Di Sandro “
* Living completo
Y fueron todos sus amigos de ley y fue también Cordero. Living completo.
Cada uno dijo lo suyo. Susana Grassi -colega del Tano en la Sala hasta el 2014- parafraseó algunas de sus preguntas inolvidables en las conferencias de prensa: “¿Y la inflación qué?”.
Mientras, mi corazón latía y latía casi agónicamente. Sabía que sería un día inolvidable. Irrepetible: El día que se retiraba el Tano Di Sandro…
Pero estaba atento al funcionario Cordero, al Tano, al auditorio de amigos e iba anotando datos para hacer una crónica.
Con el Tano recordamos a quien amablemente hizo posible el acto que al final no se hizo en la Secretaría de Trabajo sino en su casa de Palermo: Santiago Comadira, con quien supimos cultivar una amistad respetuosa cuando era vocero de Florencio Randazzo en Casa Rosada.
El Tano recibió su increíble plaqueta y le pregunté: “Ahora, ¿anunciás tu retiro? “Esperá un poco”, me respondió, casi inaudible, como si desease prolongar eternamente su acreditación en Casa Rosada, en la que el 29 de octubre había alcanzado los 77 años de trabajo ininterrumpido: 32.606 días exactamente (nada de chirolas).
Uno de sus grandes amigos, Horacio Ferrer, de Crónica, pidió una hoja oficio para que el Tano escribiese su última nota en la desgastada Olivetti, la que lo acompañó en su impresionante carrera profesional -un récord mundial Guinness- en la Casa de Gobierno.
Y el Tano se animó. Ya sus dedos no eran los veloces de antaño: resbalaban en el teclado. Pero algunas letras alcanzó a escribir en la desvencijada máquina.
Alguien le alcanzó una birome y de puño y letra redactó su último mensaje.
* Llegó la hora
Hasta que llegó la hora. “¿Ahora sí, Tano?”, le murmuré. Y asintió casi a regañadientes con su cabeza gacha, mirando al infinito. No tan convencido pero sabiendo que ya no había marcha atrás en la Historia.
Lo habíamos practicado. Él decía que se retiraba y yo lo ayudaba a amplificar sus palabras.
Pero fue al revés. Yo le dije: “Tanito querido: llegó el tiempo de retirarte y disfrutar a tus colegas y a tu familia”.
“Si”, respondió lacónico, sabiendo que era su última palabra como periodista activo, como Decano.
Hubo aplausos. Muchos.
Y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Intenté disimularlo. Era como si yo me retirase con el Tano.
De todos modos, como habíamos convenido, le dije al auditorio: “Igual Tano seguís siendo presidente honorario de APeRA”. Me miró, esbozó esa sonrisa de niño que siempre me regala, y me advirtió: “Te voy a derrocar”.
Carcajadas.
Yo seguía a su lado y lo veía cada vez más gigante. Inmortal. Eterno. No era un hombre común.
* No era un hombre común
Uno a uno sus amigos se fueron.
Silencio inmenso. Estridente. Sillas vacías.
De pronto, lenta, pausadamente, se levantó y me dijo: “Me voy a descansar”.
Y de vuelta, como en un túnel del tiempo, volví a verlo como un hombre común, al que admiro, respeto y adoro aún más.
PD: Acompañaron al Tano en su despedida, además de Susana Grassi y Hugo Ferrer: José Ignacio López, Liliana Calderón, Fernando Fraquelli, Marcelo Muchi, Luis Cervantes, Santiago Pérez Chiconi, Carlos Capria, Adrián Noriega y Gabriel Calisto.







